Todo empieza en el mismo lugar

La promoción cultural “oficial” en el Perú sigue siendo una farsa. Prueba de ello es el comportamiento aberrante de la Cámara Peruana del Libro, quienes mediante una carta simple y sin destinatario han tenido a bien resolver el contrato de alquiler de stands de la FIL-2008 con los números 151-A, 152-A, 153-A y 154-A alquiladas por la editorial PEISA. ¿Los motivos? PEISA, quien integra la Alianza Peruana de Editores (ALPE), pensaba utilizar uno de los stands para la distribución exclusiva de los libros producidos por más de veinticinco editoriales nacionales que integran ALPE (que incluye editoriales como Sarita Cartonera, Borrador, Mesa Redonda o Estruendomudo). Detrás de ello, está el evidente recelo con el que una institución vetusta y compuesta por alegres e iletrados personajes con el que ven a ALPE, una asociación constituida para unir esfuerzos y presupuestos y canalizar la distribución de la nueva producción bibliográfica peruana. La Camara, por su parte, aduce que dichas editoriales no forman parte de la Cámara y no cuentan con los recursos necesarios para estar presentes en la FIL.
Este hecho no solo demuestra el pobre conocimiento del negocio con el que cuenta la Cámara (¿más productos no equivale a más visitas?) sino que también demuestra que el principal interés de la misma es el de perpetuar esa maldita argolla peruana y de no dejar que editoriales por fuera de su circuito comercial (¿Arnie Husaid no tenía un stand el año pasado en el FIL?) puedan mostrar sus productos en el evento librero más concurrido del año. Este triste acontencimiento, sin embargo, desnuda la forma exacta en la que nuestra “cultura oficial” entiende su labor y lleva a cabo su compromiso con la sociedad.
Los invito a leer el comunicado publicado por la Alianza Peruana de Editores y, también, a comprender lo que significa el silencio que frente al mismo ha mantenido la Cámara Peruana del Libro. No solo es el Congreso, no solo es el fútbol, no solo son las APAFAs ni los Partidos Políticos, hay algo podrido en entidades como la Cámara Peruana del Libro que los lleva a pensar que las leyes, el derecho de acceso a la cultura y el de asociación, y los intereses de las grandes mayorías simplemente no existen.
El chongo sigue en La Habitación de Herny Spencer, Moleskine Literario, Puente Aéreo.
La foto es de Erre Ortega.
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